Estremece al público teatro penitenciario en el CECUT

A pesar de su nombre rimbombante, las cárceles mexicanas son todo menos Centros de Readaptación Social y más bien funcionan, según dicta el lugar común, como “universidades del crimen” en el sentido más llano de que allí no solo se refinan los métodos para delinquir, sino, más grave aún, se planean secuestros y otros ilícitos.

La Compañía de Teatro Penitenciario presentó este jueves 26 de septiembre “La espera” dentro del XXIII Encuentro de Teatro que desde el sábado pasado ha tenido lugar en el Centro Cultural Tijuana, organismo de la Secretaría de Cultura, para ofrecer un testimonio estremecedor de lo que es esa zona oscura que representan las prisiones en México. 

Sobre el foro de la Sala de Espectáculos donde se colocó el escenario rodeado de gradas para alojar al público, creando un ambiente de cierta intimidad en el que los antiguos reos representaron su experiencia como si estuvieran platicando con el público, en una obra dirigida por Conchi León autora también de la dramaturgia.

Con todo realismo, Javier Cruz, Ismael Corona y Antonio Hernández narraron detalles de su vida dentro de la tenebrosa cárcel de Santa Martha Acatitla, en la Ciudad de México, donde dos de ellos purgaron sentencias por más de 20 años, mientras que el más joven llegó allí luego de haber pasado por centros de reclusión juvenil.

De naturaleza eminentemente testimonial, “La espera” transmite en corto la experiencia de los expresidiarios, lo que permite al público asomarse al pavoroso ambiente carcelario y el retrato que ofrecen de él los tres actores que habitaron sus entrañas confirma las peores sospechas del horror que se vive en ese submundo, donde priva no solo la ley del más fuerte, sino que representa el reino de la impunidad absoluta.

Las experiencias relatadas por los tres expresidiarios, con todo y el toque de humor que pone cada uno de ellos mientras representan con pocos elementos escenográficos esa inmersión a los bajos fondos de la sociedad, conmocionan por la degradación humana que se opera dentro de las cárceles, como si los seres encerrados en ellos retrocedieran varios peldaños en la escala evolutiva hasta llegar a un grado indecible de salvajismo. 

El efecto que las narraciones de los expresidiarios provocan en el espectador no puede ser sino de estremecimiento, toda vez que ponen al descubierto la degradación que sufre cualquier ser humano al quedar sometido a la brutalidad más absoluta.

Pese al horror narrado por los expresidiarios, la obra da cabida a un final esperanzador, pues según explicaron, en el curso de su encierro descubrieron el teatro luego de haber asistido a un curso impartido por actores del Foro Shakespeare, lo que fue el germen de lo que es hoy la Compañía de Teatro Penitenciario que ha permitido a ellos, ya fuera de prisión, dedicarse al trabajo escénico como medio de sustento.

Fundada hace 11 años, la Compañía de Teatro Penitenciario ofrece en la actualidad funciones en distintas cárceles del país, con montajes como “La espera”, presentada en el CECUT, o “Ricardo III”, adaptación de la famosa obra de Shakespeare, lo que demuestra a otros reos que, contra todos los pronósticos, la esperanza de redención no se extingue aun en la casa del terror.

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